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domingo, 13 de abril de 2014

Vero

Siento escribir esta entrada tan tarde, o tan temprano, depende de donde vivas...

Este será el procedimiento: hay dos interlocutores que representan dos facetas distintas de mi mismo. Uno de ellos es mi "yo nostálgico" (que usará estas comillas: " ") y el otro será mi <<yo reflexivo>> (que usará estas otras: << >>). Ambos recuerdan y reflexionan, cada uno a su modo, sobre los momentos que pasé con una muy buena amiga mía fallecida recientemente, responde al sobrenombre de Vero. En ningún momento daré datos precisos ni de ella ni sobre las fechas ni los lugares en los que nos encontrábamos, pero sabed que era compañera mía de carrera.

Los recuerdos no necesariamente vendrán en orden. Son destellos fugaces de una persona a la que me encantaría haber conocido mejor. Todo esto lo escribo en su memoria, que, creo, merece ser difundida por la basta red de redes.

Mis agradecimientos a mi amiga y autora del blog El mejor del jueves por darme la idea y sobre todo las fuerzas necesarias para escribir esto. 

¿Todo aclarado? Empecemos pues.

"Recuerdo una brillante tarde de septiembre, después de las clases, Vero y yo caminábamos en dirección a la parada del autobús, manteníamos charlas muy banales sobre cómo pensábamos afrontar el nuevo curso. Mientras pasábamos por delante de las pistas deportivas nos llamó la atención lo bien que jugaban una pareja de tenistas.

-Sabes Vero, me encanta el tenis, es una de mis pasiones.

-¡Eso está muy bien!

-¿Haces tenis?

-No, no puedo. Con las piernas que tengo no puedo.

Ese día tomé conciencia de su enfermedad"

<<Así era, Vero no podía correr, tampoco caminar con prisas ¿Cómo no pude darme cuenta antes? La veía caminar con mucha seguridad, cada paso que daba estaba cargado de fuerza y decisión. Poco después me contó que tenía un tumor en la cabeza que le había afectado al área del crecimiento. Obviando que tenía una pierna más larga que la otra, apenas era perceptible, salvo por su voz algo agrietada y sus pequeñas dificultades con su mano derecha, pues era diestra y no poder manejarla bien le resultaba algo fastidioso.>>

"Su mente, por el contrario, funcionaba con la eficacia del mejor reloj suizo. Era muy viva y se expresaba con riqueza, siempre nos sacaba sonrisas con sus comentarios acerca de las cualidades de los demás, pues siempre pensaba en positivo."

<<Naturalmente se tomaba las cosas con mucha calma, salvo a la hora de presentar proyectos: defendía sus obras con la fiereza de mil leones.>>

"No puedo evitar sonreír cuando recuerdo el día que presentamos por primera vez nuestros proyectos en Fundamentos de la creación artística, Fundamentos para los amigos. La semana pasada el profesor nos encomendó convertir un libro cualquiera en una obra de arte. Los trabajos presentados en clase fueron de lo más variopinto: desde bombillas atravesando páginas a flores y condones (sin usar, aunque habría quedado más artístico) ¿Qué hice yo? Un trabajo muy sangriento, literalmente descuarticé el libro.

Vero no hizo nada de eso, se dedicó a estampar en las hojas fotografías, billetes, panfletos, tarjetas de felicitaciones, flores... Decoradas además con felices mensajes que hacían referencias a sus vivencias pasadas. La nota media de la clase no superaba el cinco, ella en cambio sacó un ocho"

<<Jamás olvidaré ese día. El profesor hizo numerosos comentarios sarcásticos acerca de nuestras obras, algunos muy crueles (le tengo en mi lista negra). Cuando le llegó el turno a Vero nadie se esperaba una obra así. Había unos cuantos trabajos sobre temas negativos o nostálgicos, pero la gran mayoría pasaban por cortar, arrancar, arrugar o incluso quemar partes del libro. Frente a lo nuestro su Libro de viajes (como me gusta llamarlo) era pura creación, no necesitó modificar el libro en sí, bastó con añadir cosas y expresar su lado más puro y alegre. No penséis que eran una sucesión de mensajes bonitos, concentraba algunos de los momentos que más feliz la habían hecho. Por eso mismo no todas las páginas tenían contenido, cosa que nuestro profesor no dudó en criticar.

-Pues a mi me gusta, son cosas que me encantaron -Respondía con fuerza.

"Daría una fortuna por volver a leerlo, aunque si Vero lo hubiera escrito meses después, ¿nos habría incluído a nosotros, sus nuevos amigos? Confío en que sí.

Con el tiempo vino el invierno, y con él las durísimas mañanas en clase de animación. Habíamos terminado la parte teórica y solo faltaban las prácticas, no es muy agradable ponerse a trabajar con Adobe Flash a las ocho de la mañana después de una noche sin dormir. Para colmo de males, estábamos usando las tabletas gráficas, que son una herramienta imprescindible para el artista digital al imitar el tacto del papel y la suavidad del lápiz. Lo chocante era tener que mirar a la pantalla mientras dibujábamos en la tableta, era como volver a aprender a dibujar. La mayoría nos sentimos como completos novatos y no parábamos de quejarnos, muchos de hecho dieron por perdida la asignatura desde el primer día.

Pero si había alguien en la clase cuyos lamentos rozaban lo obsceno, esa persona era Vero. Peleona como ella sola, se tomaba cada clase como un combate de gladiadores. Recuerdo que hizo una rana muy bonita (no, no era la rana Gustavo) y estaba perfeccionando los detalles cuando sufrió una ligera recaída..."

<<El estado de Vero fue empeorando poco a poco. Según me contó en una fría tarde en la cafetería, ella venía de una temporada muy mala en la que llegó a estar en silla de ruedas, pero pasado el tratamiento recuperó la movilidad en las piernas y pudo valerse por sí misma para ir a los sitios que quisiera. Yo manifesté lo contento que estaba de oír  eso, le dije que sin duda acabaría recuperándose. En verdad no estaba mintiendo, quizá es que sea muy inocente, pero Vero irradiaba un aura de confianza que siempre nos hacía pensar en positivo, por eso mismo le caía bien a cada persona que conocía.

El tiempo tuvo que quitarme la razón...>>

"Recuerdo una tarde que la acompañé en el autobús, nos sentamos en los asientos delanteros y el sol brillaba con toda su fuerza. Para matar el tiempo, aproveché para hacerle un pequeño retrato de su cara. No pienso subir el dibujo, pero sabed que se me quedó grabado en mi mente el instante; un gorro y un parche escondían su rostro, cubierto ademas por sus enormes gafas de pasta, no parecía importarle nada de eso, incluso le gustó el dibujo."

<<¿Cómo puede una persona tan joven tomarse algo así con tanta tranquilidad? Yo lo llamo fuerza de voluntad, voluntad que sería puesta a prueba una y mil veces...>>

"Pasaron las vacaciones de navidad, muy felices para todos. Arrancó el segundo semestre cargado de novedades, nuevas asignaturas y nuevos profesores. Un día, Vero vino a la universidad en silla de ruedas... Desconozco los procedimientos de la quimioterapia, espero no tener que saber de ellos nunca.

Pasamos los últimos meses acompañando a Vero a cada clase. No era ninguna molestia, a todos nos gustaba pasar tiempo con ella que además no dudaba en sonreír. Recuerdo no sin cierto cariño que más de una vez casi se nos cae de la silla al bajar de un desnivel, siempre acabábamos riendo y con tema de conversación para rato. Ella se ofrecía para cargar con nuestras cosas en el regazo y así facilitar nuestra tarea, y era un drama cuando llovía y teníamos el tiempo justo para llegar a clase. Pronto tuvo que valerse solo de su mano izquierda, que aprendió a manejar con soltura."

"La primera vez que vi al padre de Vero fue un día que quedamos para ir a un restaurante chino en el centro de la ciudad. Nos llevó un rato encontrar el sencillo mecanismo que desplegaba la silla, tanto que me dio tiempo a observar con detenimiento al padre: sus ojos estaban asustados, sus labios expresaban afecto y sus manos sujetaban el cuerpo de su hija como si fueran de cristal. Fue una tarde bastante divertida, no faltaron las bromas"

<<Más de uno se cansará de leer esto una y otra vez ¡Pero es que no se notaba! Hubiese dado igual la silla, éramos un grupo de amigos pasándolo bien, punto. Quizá estuviese más callada por falta de fuerzas, pero cuando hablaba la escuchábamos como si sus palabras fueran oro. Si hay algo que me enseñó esa chica es fuerza, una fuerza capaz de mover montañas.>>

"Los días se hicieron más lentos y aburridos. Vero dejó de venir a clase. Siempre que ocurría algo interesante alguien decía:

-¡Se lo tenemos que contar a Vero!

Y todos estábamos de acuerdo. No puedo evitar pensar que, comenzado el segundo semestre, algunos profesores apenas la habían visto un par de veces."

<<En el  fondo todos teníamos ese oscuro presentimiento, tarde o temprano llegaría, debía suceder. Es algo que nadie puede evitar, aunque me gusta pensar que las personas mueren solo físicamente, aún siguen vivas en nuestros recuerdos.

Además, aunque por dentro me siento amargo y descompuesto, no me arrepiento de nada (bueno miento, hubo un día que nos ofrecieron visitarla cuando estaba enferma, yo no asistí), me alegro mucho de haber conocido a Vero y estoy seguro que muchos piensan igual que yo. Creo que se llevó un bonito recuerdo de toda la clase...>>

...Me siento más viejo, pero a la vez más sabio. Si alguna vez os ocurre algo parecido no desperdiciéis el tiempo que paséis con esa persona. Ante todo, llorad ese día... Y sonreíd al siguiente.

Haissake

miércoles, 26 de marzo de 2014

Sol, pelos y pulgas

Nadie sabe cómo Katia vino al mundo, unos dicen que era la hija favorita de una camada, otros que fue la única superviviente de una dura agresión contra su familia, quizá por eso siempre le tuvo miedo a los bastones...

Todo lo que sabemos de su vida es lo que hemos vivido con ella y lo que pudo contar la perrera: "una pequeña bola de rayos de sol ennegrecidos por la suciedad, que cubrían un amasijo de piel y huesos, era como encontrar un cofre lleno del oro de hace mil años." No tardó en formar parte de una nueva familia, con la que comenzó a desatar el espíritu incansable con el que nació. Era tan fuerte que no pudieron aguantarlo, querían un perro manso y tranquilo que no persiguiese a su gato. Katia no era una de esas mascotas que se tumban en un rincón, ahora lo hace, pero no siempre fue así. Corría por toda la casa, se sentía desde lejos como un enorme huracán de alegrías, un saco de pelos moviéndose a la velocidad de una peonza -imagina una peonza gigante, es un tornado de madera en miniatura que se lleva todo a su paso, así era Katia-. Después de dos semanas decidieron rendirse y devolverla a la perrera. A veces me da por pensar cómo debió de sentirse en aquel momento, "imagino el más tierno de los recién nacidos, encerrado en una jaula de cristal. Él me mira con ojos como planetas, en los que relucen las estrellas, entonces se lo llevan y siento un breve alivio, pero vuelve... Y lo encierran de nuevo en su jaula. Luce muy bien, pero es como un diamante, ¿alguien ama a los diamantes? Además dan igual los juguetes que tenga, de qué sirven si no tiene con quien jugar..." 

Han pasado nueve años desde que Katia llegó a mi casa, no vino el Día de Reyes, pero muchos dirán que es el mejor regalo que he recibido. Son unos mentirosos. los regalos son objetos, las mascotas son seres vivos, no se poseen se quieren. Además debes ser responsable, Katia requirió muchas responsabilidades. Ahora la ves en el suelo como si fuera una alfombra, pero en su día costó una barbaridad amaestrarla. No se estaba quieta ni dentro de casa, ni fuera; daba igual lo fuerte que tirases del collar, ella te iba a llevar de paseo por ahí. Tenía mucha fuerza, como todos los cachorros, pero debió de nacer con la fuerza del sol, si no no me explico de donde sacaba tantas energías; era muy desobediente, no hacía caso ni a los premios, salchichas y lonchas de jamón que fueron pasto para las hormigas; si se encontraba con un perro o jugaba con él o peleaba, o ambas cosas. Mordisqueaba a los ciclistas, cruzaba la carretera, se largaba con la pelota -en lugar de devolverla-, comía de todo lo sucio del suelo menos nuestros premios... Son todos esos obstáculos los que hacen que ahora me sienta tan unido a mi perro, porque al principio desconfiaba mucho de nosotros y nosotros de ella, pero cada problema solucionado, cada roca fuera del camino estrechaba nuestra relación.

Va a cumplir una década, eso para un perro es mucho tiempo. Aunque ya no corretea por ahí como si fuera un ciclón, todavía se levanta para saludarnos y nos persigue por toda la casa. Si la ves tumbada en el suelo es porque le hemos cerrado la puerta, porque ella entiende que debe hacer de perro guardián. En cuanto aparecemos por la puerta nos recibe con todas las alegrías de la juventud, y cuando la saco de paseo sigue buscando gatos como hacía de pequeña. Aún conserva el brillo en el pelo, y su mirada es pura ilusión, me encanta cuando agita las orejas y zarandea el rabo al pedirme caricias. Otros perros estarían en el umbral de sus vidas, pero Katia aún conserva muchas de sus fuerzas. Es una suerte, dirán, pero sé que un día, quizá no tan lejano, nos abandonará a todos.

 Lloraré... Sé que lo haré. Esta no es la historia de mi perro, es la historia de cualquier amigo. Cuando dejéis de leer este texto, recordad a todos los seres queridos que se fueron y amad a los que aún están con vosotros. Amadlos... Amadlos.


Haissake

miércoles, 19 de marzo de 2014

Mi padre

Papá era picudo como un ave, gracioso como una hiena y terco como una mula, pero en el fondo todos sabíamos que detrás de sus lentes enormes y de sus normales y horteras camisas a cuadros se ocultaba el corazón de un niño, solo que estaba oculto como el relleno de los bollos industriales.

Pero mi padre no es extraordinario, ¡ni mucho menos! Él es la única persona normal del planeta. Ser normal implica llegar tarde a comer por un partido de tenis; tener el cuarto tan bien ordenado como su dentadura -mira que le dije que fuese al dentista-. No puedo olvidar, por supuesto, los dos elementos más importantes para ser una persona ordinaria: ser un vago -muy esforzado- en cualquier tarea doméstica, y contar chistes de política cuando menos te los esperas.

Naturalmente mi padre también tiene defectos. El primero es cuidar siempre de las cosas, da igual que el ordenador tenga diez años y esté a punto de cascarla, él lo va a reparar una y mil veces hasta que Satanás lo reclame para sí. Siempre recuerda una promesa -menos cuando se le olvida, afortunadamente- y nunca va a dejar de quererte, ni cuando sacas un cero en mates, ni después de armar una masacre en el supermercado -que conste que lo he intentado, pero aún me quiere...

¿Qué tiene mi padre que tengan los demás padres? Que a veces no sonríe -solo a veces-. También usa pantuflas, además es una ardilla y cría corales.



Haissake