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domingo, 27 de abril de 2014

La pluma

Solo hay una, única es, insustituible para mí, mi pluma, mi fiel servidora, mi mejor secretaria, mi gran amante.

Es poeta,
es redactora,
es analista,
es narradora,
es ensayista
y admiradora,
del gran arte de la escritura.

Es todo cuanto he querido y deseado, todo lo que soy y lo que seré. Mi futuro está escrito en su tinta, que gotea, resbala, mancha y adorna. Como una batuta en mi gran orquesta, una linterna en la oscuridad de mi pensamiento.

Consejera entre tormentas,
lluvias de ideas se deslizan 
sin temor, y canalizan,
juntas, vida y su pasión.

Aunque la duda surgió ¿Qué historia tienes tú, que lo sabes todo sobre mi? Amiga mía, que tan pocos te conocen y aún menos te usan con tanta dedicación. Háblame de ti, de tus aventuras y amores, de tus secretos más celosamente guardados, con llave dorada, en tu ánima de metal ¡Te lo ruego! Cuéntame qué pasó, qué ocurrió, que fuiste desterrada del trono en el que siempre debiste estar. Te conocí abandonada a tu suerte, poco tiempo atrás. Conoces mis historias, mis mil desamores: con bolígrafos probé, mas ni se te acercan; con lápices dibujé, pero no escriben como tú, tan siquiera ahora, en la era de la electrónica, decido abandonarte, duele incluso tener que pasar tus finos trazos al frío teclado ¿Qué fue de ti?

-...

Ajá, entiendo...

No siempre tuviste ese dorado acabado, esas líneas tan elegantes que coronan tu plumín. Te arrancaron de tu madre, un ganso, mil años ya, de ahí tu bello nombre. Te tallaron con finos cuchillos y dieron forma, desde entonces siempre fuiste acompañada de tu mejor amiga, la tinta.

-...

De eso no tenía duda.

Siempre fuiste el arma más poderosa: firmaste tratados de paz, de guerra, con tu trazo se declararon rendiciones, concesiones y ejecuciones. En manos de escritores pronunciaste las palabras más bellas de este mundo y los comentarios más infames. Defendiste la libertad y al pueblo redactando constituciones, también te pusiste del lado de los opresores, pues contigo se hicieron las leyes de los emperadores. Siempre te dio igual tu dueño: cumplías con tu papel de la mejor forma posible.

-...

Hermosa historia, sí señor, la de tu edad dorada.

La era industrial te dejó su mejor legado,
grandes compañías se fundaron
en torno a tu figura, crecieron.
Parker, Waterman, Pilot, Faber-Castell,
otras tantas fueron, te hicieron de acero,
plata y oro, vestiste orgullosa los diseños
modernos y los plásticos de la nueva era.

Lo mejor, sin duda: bajó tu precio,
y con ello, eras por fin la humilde
herramienta que tantos ansiamos.
Ni la máquina de escribir logró
relegarte de tu íntima posición.

-...

Mas no sientes rencor...

Caíste en desgracia, perdiste utilidad. Nació Bic y con él la fiebre del bolígrafo. Ya a nadie le interesaban tus trazos con carácter, tu intensa personalidad, se rindieron a los encantos de una herramienta de usar y tirar, simple y tosca, barata como ella sola. Pero no fue lo peor: tus caballos de batalla te abandonaron, vendieron burdas imitaciones, cada cual más sencilla de usar. Ahora de los escritores surgen trazos fríos y carentes de fuerza, vino el rotulador y perdiste al dibujante, el ordenador te relegó de la oficina. Ya solo eres una pieza de coleccionista en manos de algún mal admirador.

Y aun así no sientes rencor...

Tu reinado ya pasó, debía suceder. Tu flexible punta, marca de nacimiento, no era para todos, debía ser otra herramienta más amable y dócil la destinada a mandar. Y no todo es malo, tenéis la misma amiga: la tinta.

Tranquila estás, pues siempre encontrarás en mí tu humilde servidor.

Haissake.

sábado, 5 de abril de 2014

Cojo mi pluma, mojada en el tintero, una a una las gotas caen, mas no caen solas. Oigo el ruido de cientos de miles de pequeñas gotas de agua; son litros y litros estrellándose al unísono contra el duro techo, una y otra vez.

Oigo piscinas olímpicas saltar desde las nubes, lagos sin fondo se precipitan contra el tejado. Unas más grandes, otras más pequeñas, pero todas se estrellan en sucesivo orden, como una perfecta sinfonía. Es una danza que siempre cambia, una melodía, el concierto de Jazz de la naturaleza. Siempre es la misma, siempre es distinta.

El coro de la naturaleza canta con pasión, el escenario está preparado. Chorros de agua serpentean, bailan con el viento en perpetuo ciclo que se repite en todas partes, hasta el fin de nuestros días. Haces de luz iluminan a los protagonistas, el aire vibra de la emoción. En la costa, las olas pelean por la costa, quieren extender su rugido hasta las montañas, allá donde los torrentes se precipitan sobre madrigueras desprotegidas.

Una gota cae en el tintero, no es una gota cualquiera, es testigo milenario del mundo. Proviene a la vez de China, Perú, Francia y Pakistán, de las pirámides de Giza y la Plaza Roja. De ella bebieron Genghis Khan y Napoleón, salió de las lágrimas de  Gandhi, del sollozo de miles de niños al nacer. Sus minúsculos átomos vienen de todas partes y lo saben todo, son testigos de nuestro mundo que cada día golpean ruidosamente el techo de muchas casas... Después se filtrarán por el suelo hasta llegar a la madre Tierra que las vio nacer...

... Y vuelta a empezar.

Haissake