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lunes, 10 de marzo de 2014

Arpía


¿Y tú qué miras?


He captado tu atención durante unos instantes, debo darme prisa antes de que a tu cerebro se le ocurra consultar el Facebook. Hasta que llegue ese momento, eres mío; me perteneces, todo tu ser se postra ante mí, mi hermosura. Da igual, no te resistas, total ¿Por qué ibas a parar? ¿Acaso tu vida es mejor sin mi? ¿Puedes vivir sin pensar un momento en el brillo de mis ojos? ¿Mis vistosas plumas? ¿El batir de mis alas o el dulce cantar de las mañanas? No eres diferente, eres igual que los demás, solo que aún estás verde. Yo te haré madurar, haré crecer la semilla que llevas dentro. Te acompañaré durante largas noches, con suaves susurros acompañaré tu sueño. Celebraré tus triunfos y lloraré tus fracasos, te llevaré volando a países con castillos de naipes y ríos de melocotón, a árboles tan altos que alcanzarás las estrellas, atento, de chocolate blanco y nata. Conmigo crecerás, te harás mayor, el brillo de tu fuego interior superará las más altas montañas. Entonces... Me devolverás el favor. Beberé de tu néctar, me abrigaré en tus pétalos y succionaré tus estambres hasta dejarte seco. Tranquilo, te gustará...

Oh perdón, ¿Creías ser el único? Jamás lo fuiste, tampoco el primero. Querido mío... Ves que eres igual que los demás. Caíste en mi trampa mortal, no llores, nadie recogerá tus lágrimas. Me tenías harta la verdad, ¡no eres más que un mocoso! Pero para mí algo más, un juguete, roto eso sí. Pero no me tengas rencor, en realidad es culpa tuya solo que no lo sabías, si no fueses tan inocente. Me lo pusiste muy fácil, admítelo.

Mira el lado positivo: podría ser peor. Ahora estás preparado para este feo mundo donde se dan cita las desgracias. No intentes seguirme... Ahora llevo la guadaña.

Haissake